Cocinas tradicionales chilenas: memoria, territorio y sostenibilidad desde el fogón
Septiembre no solo es sinónimo de fondas, cuecas y empanadas. También es una oportunidad para reflexionar sobre lo que comemos, cómo lo preparamos y qué valores culturales y ambientales llevamos a la mesa. La cocina tradicional chilena es mucho más que sabor: es patrimonio vivo y, bien entendida, una herramienta poderosa de sostenibilidad.
En un mundo globalizado donde los alimentos recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestros platos, las cocinas tradicionales nos invitan a volver al origen.
Estas prácticas culinarias, transmitidas de generación en generación, se caracterizan por:
Usar ingredientes locales y de temporada
Priorizar preparaciones colectivas y comunitarias
Evitar el desperdicio, reutilizando todo lo que se pueda
Respetar los ritmos de la naturaleza y del territorio
En el caso chileno, hablamos de comidas como el charquicán, los porotos con mazamorra, el milcao, el curanto, el pebre fresco, el pan amasado y dulces como los pajaritos o las sopaipillas con chancaca. Cada uno de estos platos tiene una historia anclada en lo rural, lo indígena, lo campesino, y nos conecta con formas más lentas, más conscientes y más sostenibles de vivir.
El fogón como acto de resistencia cultural
Desde la Patagonia hasta el norte, pasando por los valles centrales y el archipiélago de Chiloé, la cocina ha sido un espacio de preservación cultural.
Hoy, en tiempos de estandarización y delivery, mantener vivas estas recetas no es solo nostalgia: es una forma de resistencia activa ante la homogeneización alimentaria y los sistemas que priorizan la eficiencia por sobre la calidad, la identidad y el entorno.
Iniciativas como la Ruta de los Abastos en la Región de O'Higgins (que conecta a productores locales con turistas y consumidores conscientes) o la declaración del pebre como símbolo popular de las Fiestas Patrias, demuestran que el rescate del patrimonio también es innovación social, educación y turismo sostenible.
“Las cocinas tradicionales son archivos vivos. Cada plato es una biblioteca de saberes que se comen con la cuchara.” — Fuente: El País, 2024
¿Y qué tiene que ver esto con la sostenibilidad?… Muchísimo.
Baja huella ecológica: usar productos locales reduce el transporte y las emisiones.
Aprovechamiento total: se reutilizan caldos, sobras, huesos, cáscaras.
Uso limitado de carne: a diferencia de las dietas modernas, los platos tradicionales suelen ser ricos en vegetales, legumbres y cereales.
Preparaciones lentas y comunitarias: como el curanto o el asado al palo, que requieren tiempo, diálogo, y no plástico.
¿Cómo puedes sumarte desde tu cocina?
Aquí van algunas acciones concretas para celebrar septiembre con conciencia:
Usa ingredientes locales y de temporada: zapallo camote, choclo, porotos, papas nativas, ají cristal, hierbas chilenas.
Apoya a productoras y ferias libres: muchas mujeres campesinas preservan semillas y recetas milenarias.
Revaloriza platos “olvidados”: cambia el sushi por pantrucas; el poke por cazuela.
Reduce el plástico en tus celebraciones: usa loza, lleva tus propios cubiertos o servilletas.
Conversa en familia sobre tus recetas favoritas: guarda esas historias antes de que se pierdan.
🟢 ¿Te gustó este contenido?
Suscríbete a nuestro newsletter semanal “El Gramófono” para recibir más información.
También recuerda seguirnos en redes sociales. Puedes encontrarnos en Instagram como @por.mara podcast.
Y sigue a nuestro podcast Agenda el Cambio y escucha el episodio completo, 🎧 disponible en Spotify.

