¿Por qué deberías grabarte la próxima vez que hables en público?
"Lo que uno ve en la grabación es lo que la audiencia está recibiendo. Sin el filtro de lo que sentiste por dentro."
Este artículo es una adaptación de nuestro newsletter semanal, Exprésate, donde compartimos consejos, reflexiones y noticias para mejorar tu comunicación.
La primera vez que moderé un webinar en vivo, frente a 300 personas conectadas, me puse muy nerviosa.
Tenía el guión. Había ensayado. Aun así, los nervios se fueron apoderando de mí.
En un momento en que tenía que hablar tipo monólogo, para conectar los temas entre dos invitados, se me cayó un portalápices encima del escritorio y se me desordenó todo. Tuve que hacer como que no pasaba nada, y continué.
El momento en que todo se sintió mal
Mientras el speaker exponía, mi mente se puso muy negativa. Me sentía avergonzada. Pensaba que lo estaba haciendo muy mal, que estaba dejando mal al cliente que me había contratado.
Cuento corto: terminó todo, y al salir me junté con algunas personas que lo habían visto. Me felicitaron. Les pregunté por el momento en que sentí que todo se había ido al piso, y no solo no lo habían notado — pensaron que me veía muy calmada y cómoda.
Lo que vi cuando revisé la grabación
Me sorprendí. Ahí estaba una Cristina calmada, elegante, elocuente, en control de la situación. Adelanté al momento exacto en que se cayó el portalápices y solo se alcanzaba a ver que bajé la vista un segundo. Nada más.
Desde ese día, invito a todos mis clientes a hacer lo mismo: ver sus grabaciones como una forma objetiva de su actuación.
Lo que uno ve en la grabación es lo que la audiencia está recibiendo. Sin el filtro de lo que sentiste por dentro. Sin el juicio ni los pensamientos negativos que se instalaron mientras hablabas.
Cómo aprovechar tus propias grabaciones
La próxima vez que te grabes hablando en público (o en una videollamada importante, o presentando en una reunión), prueba este ejercicio:
1. Mírala una vez completa, sin pausar, como si fueras un espectador cualquiera. No te detengas en el momento que crees que fue el peor. Deja que la grabación te muestre lo que realmente pasó, no lo que tú recuerdas que pasó.
2. Pregúntate: ¿qué es lo positivo que puedo rescatar de acá? Tu tono, tu postura, una transición que fluyó bien, un chiste que aterrizó. Anótalo.
3. Potencia eso. No se trata de ignorar lo que se puede mejorar — se trata de dejar de partir la conversación contigo mismo desde el error. Empieza por lo que sí funcionó, y desde ahí, construye.
La brecha entre cómo te sentiste y cómo te viste casi siempre es más grande de lo que crees. Y esa brecha solo se desminuye cuando te animas a mirar.

