Bosques submarinos: los pulmones azules que sostienen la vida y el clima

ODS

Cuando pensamos en ecosistemas clave para el planeta, solemos imaginar bosques, selvas o humedales en tierra firme. Sin embargo, bajo la superficie del océano existen bosques submarinos que cumplen funciones igual de vitales, y en muchos casos más eficientes, para la biodiversidad y la regulación del clima.

Estos ecosistemas, formados principalmente por macroalgas como los huiros y kelps, son conocidos como parte de los llamados bosques azules. Su rol va desde servir de refugio a miles de especies marinas hasta capturar grandes cantidades de dióxido de carbono, convirtiéndose en aliados silenciosos frente a la crisis climática.

Chile, con una de las costas más largas del mundo, es también uno de los países con mayor presencia de estos bosques. Sin embargo, su futuro está lejos de estar asegurado.

¿Qué son los bosques submarinos?

Los bosques submarinos son ecosistemas dominados por algas pardas de gran tamaño, capaces de formar estructuras complejas similares a un bosque terrestre: tienen una base que las fija al fondo marino, un “tronco” flexible y largas láminas que se extienden hacia la superficie.

Algunas especies, como Macrocystis pyrifera, pueden superar los 50 o incluso 70 metros de longitud, convirtiéndose en las algas más grandes del planeta. Estas formaciones crecen en zonas costeras frías y ricas en nutrientes, como las costas del Pacífico sur, donde Chile juega un rol protagónico.

Según Oceana Chile, los bosques de huiros se extienden a lo largo de gran parte del litoral chileno y son fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas marinos costeros.

Biodiversidad bajo las olas

Estos bosques submarinos funcionan como verdaderas ciudades marinas. En ellos habitan peces, crustáceos, moluscos, equinodermos y mamíferos marinos, además de servir como zonas de reproducción y crianza para múltiples especies.

Estudios citados por Ladera Sur destacan que la biodiversidad asociada a estos ecosistemas puede ser comparable a la de los arrecifes de coral. Muchas especies comerciales (como peces y mariscos) dependen directamente de estos bosques durante alguna etapa de su ciclo de vida.

Cuando los bosques submarinos se degradan, el impacto no es solo ecológico: también afecta a la pesca artesanal, a las economías locales y a la seguridad alimentaria de comunidades costeras.

Carbono azul: aliados frente al cambio climático

Uno de los aspectos más relevantes (y menos conocidos) de los bosques submarinos es su capacidad de capturar y almacenar carbono, un proceso conocido como carbono azul.

A través de la fotosíntesis, las macroalgas absorben CO₂ de la atmósfera y del agua. Parte de ese carbono queda almacenado en su biomasa y otra parte es transportada hacia las profundidades marinas cuando fragmentos de algas se hunden, donde puede permanecer almacenado durante siglos.

Investigaciones recientes han demostrado que los bosques de algas han sido históricamente subestimados en los modelos climáticos, pese a su enorme potencial como sumideros de carbono. A diferencia de muchos ecosistemas terrestres, estos bosques pueden capturar carbono a tasas muy altas en períodos cortos de tiempo.

Además de capturar carbono, los bosques submarinos ayudan a proteger las costas frente a la erosión y a eventos climáticos extremos. Sus estructuras atenúan el impacto de las olas, estabilizan sedimentos y contribuyen a mantener playas y fondos marinos saludables.

En un contexto de aumento del nivel del mar y tormentas más intensas, estos ecosistemas actúan como una infraestructura natural, reduciendo riesgos para comunidades costeras y ecosistemas adyacentes.

Chile: un laboratorio natural bajo amenaza

Chile alberga algunos de los bosques submarinos más extensos y productivos del mundo. Investigaciones de la Universidad de Chile han identificado estas formaciones como claves para la captura de carbono y la biodiversidad marina nacional.

Sin embargo, estos ecosistemas enfrentan múltiples amenazas:

  • Calentamiento del océano, que altera las condiciones necesarias para su crecimiento.

  • Contaminación marina, incluyendo plásticos y descargas industriales.

  • Presión extractiva, como la sobreexplotación de algas, minería costera y plantas desaladoras.

  • Cambios en las cadenas tróficas, que pueden provocar la pérdida de especies clave.

Reportes recientes han alertado sobre el deterioro de bosques submarinos en el norte de Chile, donde comunidades costeras han expresado preocupación por el impacto combinado del cambio climático y actividades industriales.

Conservación y restauración: una oportunidad azul

Proteger los bosques submarinos no solo es posible, sino urgente. Entre las principales estrategias destacan:

  • Ampliar y fortalecer áreas marinas protegidas que incluyan estos ecosistemas.

  • Desarrollar programas de restauración de algas, ya en marcha en algunos países.

  • Promover pesca y recolección sostenible, especialmente en comunidades costeras.

  • Integrar el carbono azul en políticas climáticas y mecanismos de financiamiento ambiental.

Organismos internacionales como UNESCO han comenzado a visibilizar el rol de los bosques submarinos, impulsando su investigación y protección como parte de las soluciones basadas en la naturaleza frente a la crisis climática.

Los bosques submarinos nos obligan a repensar nuestra relación con el océano. No son paisajes lejanos ni invisibles: son sistemas vivos que sostienen la vida marina, protegen las costas y ayudan a regular el clima global.

Proteger los bosques submarinos no solo es posible, sino urgente. Entre las principales estrategias destacan:

  • Ampliar y fortalecer áreas marinas protegidas que incluyan estos ecosistemas.

  • Desarrollar programas de restauración de algas, ya en marcha en algunos países.

  • Promover pesca y recolección sostenible, especialmente en comunidades costeras.

  • Integrar el carbono azul en políticas climáticas y mecanismos de financiamiento ambiental.

Organismos internacionales como UNESCO han comenzado a visibilizar el rol de los bosques submarinos, impulsando su investigación y protección como parte de las soluciones basadas en la naturaleza frente a la crisis climática.

Los bosques submarinos nos obligan a repensar nuestra relación con el océano. No son paisajes lejanos ni invisibles: son sistemas vivos que sostienen la vida marina, protegen las costas y ayudan a regular el clima global.

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